Deseo que estas historias sean oportunas, que en ellas puedas encontrar aliento, paz, equilibrio, una palabra constructiva que edifique tu vida cotidiana. En pocas palabras, diría, que sean de bendición para vos.
Quizás te preguntes cuanto tiempo mas habrá que esperar. Un esperar que para cada uno significa algo diferente. Esperar para comenzar a tomar decisiones, poder soñar, si hasta ahora no lo hiciste. Hacer deportes, que siempre pensás comenzar el lunes, y por alguna razón no lo haces. Cambiar el trabajo, ese que no te deja subir a otro nivel. Las relaciones que contaminan el aire de tu casa, el cambio que sabés que llega en cualquier momento dado que se tiene que hacer, ya que no suma al sistema familiar. Los límites, que no has resuelto todavía con tus hijos y que ya es el momento de tomar la decisión de poner punto final a las conductas que desordenan el ambiente de familia y su crecimiento personal.
Quizás sea el momento de tomar la decisión de hablar de amor con tu pareja, los chicos ya crecieron y se marcharon para comenzar con sus vidas desde otros lugares. La pareja se ha quedado sola, el nido vacío deja palabras silenciosas y es tiempo de darle sonido.
Cambio y búsqueda parecen no encontrar la puerta que se abra a la esperanza, y no sabes como hacerlo para que resulte...
Esperanza, que algunos la buscan en Cristo luego de atravesar diferentes situaciones, y otros continúan con espacios internos vacíos.
Es 2021 y la esperanza parece no llegar a tiempo, pero créeme que todo llega en su momento debajo del sol.
No estas solo en la búsqueda, tampoco a la hora de realizar cambios. Sentir y recomenzar son las palabras con sentido para este nuevo año recién comenzado. Con pandemia o sin ella, es tiempo de plantearte hasta cuando la circularidad que no te deja avanzar. Es con paso firme, y continuado, sin la excusa del no puedo. Hace mucho descubrí que el no puedo es un pensamiento impuesto, aprendido. Es tiempo de desaprenderlo.
Acá estoy, de este lado de la pantalla, esperando poder ser útil y ayudarte en este momento de cambios. Que la pandemia no sea la excusa para lograrlo.
Un abrazo y brindo por vos por un Año Nuevo lleno de esperanzas.
SI DE COVID SE TRATA
PREVENIR ES LO MEJOR
Paula, una joven de escasos 12 años, visitaba por
primea vez al oftalmológico, el cual le diagnóstico, miopía en ambos ojos.
-Te sientes muy mal por esto, verdad? Dijo el doctor
-Sí, lo que más me afecta es que no puedo distinguir
a cierta distancia el rostro de algunas personas, ni observar de lejos el
amanecer, las cosas se me vuelven cada vez más borrosas, y todo a mi alrededor
parece tan confuso- afirmó, triste, preocupada por lo le ocurría.
-Bueno, para esto hay una solución, te formulare
unos lentes de acuerdo a tu problema, para que los utilices permanentemente, y
esto te ayudara a ver mejor.
Pasados unos días, La niña volvió a ver a su médico
para reclamar sus lentes nuevos, y al colocárselos miró sorprendida por la
ventana de aquel consultorio.
-Oh, que maravillosos! Por fin puedo ver!
El doctor orgulloso por la labor cumplida, le
preguntó: que observas Paula?
-Veo todas
las cosas como son realmente, puedo distinguir el rostro de las personas, veo
los bellos colores de las flores. Puedo leer a largas distancias, pero lo que
más me gusta es que puedo ver más claro
mi horizonte y ya no es confuso como antes.
Cuando leo esta historia, me recuerda un momento muy particular de mi vida. En el 2001 estábamos mi marido y yo, internados junto a mi pequeño bebé prematuro, en extremo, y lo único que alcanzaba a ver era el respirador artificial que permitía mantenerlo con vida, las enfermeras que se le acercaban para intervenir sobre su pequeño cuerpo de tan solo 30cm y 665grs y las probabilidades de un cincuenta por ciento de vida.
Cuando leo esta historia, me recuerda un momento muy particular de mi vida. En el 2001 estábamos mi marido y yo, internados junto a mi pequeño bebé prematuro, en extremo, y lo único que alcanzaba a ver era el respirador artificial que permitía mantenerlo con vida, las enfermeras que se le acercaban para intervenir sobre su pequeño cuerpo de tan solo 30cm y 665grs y las probabilidades de un cincuenta por ciento de vida.
Me recuerdo con
una mirada tan presente y tan ausente a
la vez. Hasta que llegó una enfermera y muy amablemente se
acercó a mí y susurrando a mis oídos me dijo:
-Mira, hay
muchas futuras mamás que están sintiendo a su bebé sin verlo dentro de sus
pancitas, pero Dios te dio el privilegio de poder ver su creación personalmente-
Ese comentario
me hizo tener una mirada diferente de lo que estaba viendo frente mí. Comencé a ver las probabilidades del cincuenta
por ciento que tenía de vida, el respirador que le facilitaba respirar,
etc. Mi mirada cambió frente a la
situación con respecto a mi hijo.
Puedo seguir
contándote más aún sobre experiencias de este tipo. Pero lo que quiero
ilustrarte, es que tenemos la posibilidad de ver con miradas negativas o
positivas frente a lo que estamos transitando. Todo depende de cómo elegís
mirar. ¿Con que ojos estás mirando tus circunstancias?

Un rico
comerciante contrató a un carpintero para restaurar una antigua casa colonial.
Como el comerciante era de esas personas a las que les gusta tener todo bajo
control y le preocupaba que el trabajo no quedase bien, decidió pasar un día en
la casa, para ver cómo iban las obras.
Luz Para El Camino

Vino Nuevo en Odres Nuevos
Miedo (extraido de la web): cristianos.com
Vivimos rodeados de temores. Parece que estuviéramos condenados, como seres humanos, a sufrir progresivamente el miedo en sus diferentes grados y formas: desde el miedo a la oscuridad, hasta el temor a arriesgarnos, a hablar en público, a relacionarnos con nuevas personas; el miedo de perder lo que tenemos, o de no lograr lo que nos proponemos. A todos estos miedos la sociedad moderna ha agregado nuevos temores. El crimen y la inseguridad parecen haber condenado al hombre moderno a vivir en prevención y en miedo.
El miedo es un fenómeno negativo que nos condiciona, nos oprime, nos puede paralizar, tomando por nosotros las decisiones que nos corresponden. El miedo conspira contra la ingenuidad y la transparencia porque nos hace precavidos y calculadores. En cortas palabras, el miedo nos complica la vida e interfiere en nuestras relaciones. Rompe los brazos de fraternidad y crea categorías de «deseables» e «indeseables», «ellos» y «nosotros», buenas y malas compañías. El miedoso no puede ser, ni manifestarse, tal como es; debe abstenerse de opinar y actuar; prefiere no arriesgarse y se conforman con lo que hacen o dicen los demás. Con miedo apenas se puede vivir; se medio vive.
Por otra parte, el miedo es incompatible con la fe y es fuente de supersticiones y falsas religiosidades. Desgraciadamente existen muchos, aun entre los que se llaman cristianos, que han hecho del miedo una especie de forma de creer o mejor, de «no creer». No se fían, no confían en el Señor. Y se acogen a fetiches, imágenes, creencias e ídolos, que pueden ver o tocar y con los que creen comunicarse por medio misteriosos. A esto se debe la proliferación de magos, síquicos y agoreros que hoy aparecen por todas partes, aun en la pantalla del televisor, y en algunas comunidades de «creyentes».
La fe en Cristo nos da claridad en lo que creemos y seguridad en el Dios y Señor en quien confiamos. Jesús reclama esta confianza absoluta en sus cuidados y amor, y nos hace ver que existe una contraposición entre el mundo y la fe. Recrimina a sus discípulos cuando atraviesan el lago de Tiberias y se levanta una tormenta. «Hombres de poca fe, ¿por qué tienen tanto miedo?» (Mateo 8:26 NVI). Algo similar la echa en cara a Pedro cuando este caminaba sobre las aguas por orden de Jesús, y «tuvo miedo a comenzó a hundirse» (Mateo 14:29-31).
La exhortación del Jesús Resucitado a sus discípulos es de: «Alégrense. No tengan miedo» (Mateo 25:10). Para Jesús miedo y alegría son incompatibles. Ante el miedo la alegría se desvanece; y ante la alegría el miedo se derrota. El miedo no puede ser de ninguna manera criterio de vida. No vale para aconsejar, ni mucho menos para educar. El miedo se opone al amor y mata la alegría. Como dice el apóstol Juan, «en el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor» (1 Juan 4:18). Y nosotros, los creyentes, como dice Pablo, «no hemos recibido un espíritu que de nuevo nos esclavice al miedo, sino el Espíritu que nos adopta como hijos y nos permite clamar: ABBA. Padre» (Romanos 8:15 NVI).
Debemos perder el miedo a ser felices. Si miramos a nuestro derredor encontraremos mil motivos de alegría: la belleza de un atardecer, el canto de los pájaros, la amistad y el amor en sus formas mas sencillas y familiares; el intercambio y conversación con los amigos; el paseo por la alameda; el juego de bolos o domino, o el chiste de buena ley que nos habla quedamente de amor. Hay que aprender a gozar serenamente de la vida. No tener miedo a ser felices. Buscar lo dulce y placentero de las cosas sencillas.
Muchos confunden «el temor de Dios», con «el tener miedo a Dios». El temor de Dios es una virtud basada en el amor, respeto y reverencia a quien consideramos nuestro Padre y Señor. Es un sentimiento positivo autentico que nos previene y cuida de ofenderle o desagradarle, porque le amamos y respetamos, como un hijo ama y respeta a su padre y se cuida de contrariarle. Pero Dios no es un atormentador de conciencias. Dios no quiere borrachos de culpabilidad, sino hijos arrepentidos, llenos de buenos propósitos y desbordantes de confianza en su gracia. El tormento del miedo y la tristeza no vienen de Dios. Como decía Roger de Taize: «Debemos escaparnos de la espiral del miedo. Porque nadie que conozca a Cristo puede ser un «medio muerto», paralizado por el miedo». Siempre tenemos una salida para vencer los temores, aun en el caso de sentirnos culpables porque, como dice el apóstol Juan: «En esto sabremos que somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de él: que aunque nuestro corazón nos condene, Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo» (1 Juan 3:19-20 NVI).
Como ya hemos dicho, el miedo paraliza y enmudece. Nos quita la facultad de opinar, de testificar, de acusar, de descubrir el mal, de revelar el crimen, de protestar la injusticia. Hay silencios que engrandecen, pero el silencio, hijo del miedo envilece. Es el silencio del que tiene que aguantar para poder sobrevivir; el silencio del que tiene que tapar y disimular para poder conservar lo suyo: su puesto, sus pertenencias, su tranquilidad, su posición; el silencio del que tiene que firmar con seudónimos; el silencio del que tiene que actuar bajo cuerda; y en fin el silencio de la tumba…Todos son silencios degradantes, impuestos por el miedo. «Cuidado. No lo digas. No menciones nombres. Cállate». Cien mil ojos de miedo acechan. «Mejor no digo nada, no hablo». El miedo convierte a veces el silencio en cementerio.
Algo de esto les paso a los discípulos, durante la pasión y antes de la llegada del Espíritu. Se escondieron bajo puertas cerradas. Creían estar seguros. Pero lo que les pasaba era que estaban muertos de miedo y este les había privado de su libertad. No podían ni entrar ni salir. Para que los apóstoles salieran a la calle a pecho descubierto, para dar el salto del temor a la ilusión, necesitaron vencer el miedo. La fuerza del Espíritu hizo posible este milagro. Y Pedro el que, muerto de miedo, había negado al maestro, delante de una sirvienta, ahora confrontaba a la multitud y la exhortaba con vehemencia y valentía. «Arrepiéntanse. Y crean en este Jesús a quien ustedes crucificaron» (Hechos 2:36-38 NVI).
A nosotros también nos ha sido regalada la fuerza del Espíritu. Aunque son recios los tiempos en que vivimos, mas fuerte es el poder de Dios y el de su Espíritu. El Evangelio conserva hoy toda su fragancia y el Espíritu sigue empujando. Por muchos silencios impuestos, por muchas sordinas acopladas, por muchas alas recortadas, el Espíritu sigue inspirando, y Dios es más grande que nuestra debilidad.
Como dice el apóstol Pedro: «Y a ustedes, ¿quién les va a hacer daño si se esfuerzan por hacer el bien? ¡Dichosos si sufren por causa de la justicia! “No teman lo que ellos temen, ni se asusten”. Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia, para que los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo, se avergüencen de sus calumnias» (1 Pedro 3:13-17 NVI)
El Árbol De Las Preocupaciones

Al
final de la jornada, se dio cuenta de que el carpintero había trabajado mucho, a pesar de que había
sufrido varios contratiempos.
Para completar el día de mala suerte, el coche también se negó a funcionar así
que el empresario se ofreció para llevarle a casa.
El
carpintero no habló durante todo el trayecto, visiblemente enojado y preocupado por todos los
contratiempos que había tenido a lo largo del día. Sin embargo, al
llegar invitó al comerciante a conocer a su familia y a cenar, pero antes de
abrir la puerta, se detuvo delante
de un pequeño árbol y acarició sus ramas durante pocos minutos.
Cuando
abrió la puerta y entró en la casa, la transformación era radical: parecía un hombre feliz. La cena
transcurrió entre risas y animada conversación. Al terminar la velada, el
carpintero acompañó al comerciante al coche. Cuando pasaron por delante del
árbol, este le preguntó:
- ¿Qué tiene de especial ese árbol? Antes de
entrar estabas enojado y preocupado y después de tocarlo eras otro hombre.
- Ese es el árbol de los problemas –
le respondió el carpintero. – Soy consciente de que no puedo evitar los contratiempos en el
trabajo pero no tengo por qué llevarme las preocupaciones a casa. Cuando
toco sus ramas, dejo ahí las preocupaciones y las recojo a la mañana siguiente,
cuando regreso al trabajo. Lo
interesante es que cada mañana encuentro menos motivos para preocuparme que los
que dejé el día antes.
Esa noche, el rico comerciante aprendió una de las lecciones más valiosas
de su vida.
Para reflexionar:
Realmente es difícil llegar a casa después de una jornada laboral, escolar o social y desconectarse de ella. Lo cotidiano suele ser vivido como una carga muy pesada. Entonces, al abrir la puerta de casa, no puedes disfrutar a aquellas personas que te aman y esperan por vos, cuando las tienes.
Con ello, el tiempo transcurre y sigues abatidos por las distintas circunstancias. Cargar con las preocupaciones tanto tiempo... y la semana vuelve a comenzar.
Quisiera invitarte a que si todavía no tienes un árbol, puedas crear el tuyo o plantarlo.
Ese árbol que te ayude a sostener los contratiempos, las preocupaciones, el desaliento que impiden que disfrutes del dia a dia. Tu árbol puede ser una caminata, algo de música, leer un libro, al abrazo de alguien que te acepte y valore por quien eres, un amigo, un hermano. Tu árbol, el que si quieres puedes pintarlo, y si crees en Dios, tu árbol tal vez sea una oración...

Vino Nuevo en Odres Nuevos
Hola quien quiera que seas que te encuentras visitando este blog. Creo desde Counseling Web, que nada es casualidad y que todo tiene su tiempo.Es por eso que me atrevo a decirte que si estas atravesando un tiempo difícil, donde tus problemas parecen no tener solución entorpeciendo tu bienestar, o si el enojo permanente, la culpa, o falta de confianza en vos mismo, aquellos problemas que rompen con la armonía física, mental, psicológica, social o espiritual de tu vida, te animo a que no dudes en comunicarte.Como dije al comienzo, todo tiene su tiempo, tal vez este sea un tiempo de cambios y te recuerdo, que es importante que para que haya un cambio, es saludable despedirse de lo viejo para darle la bienvenida a lo nuevo.Suele ser difícil transitar la búsqueda del bienestar en soledad, cuando el aturdimiento y la confusión tocan lo profundo del alma.
Solo puedo decirte desde aquí, que si eres consciente de que realmente necesitas liberarte de una situación que te devuelve un resultado de derrota, el camino estará preparado para reencontrarte con una nueva oportunidad para tu vida. Aquí estoy para ayudarte a atravesar esa nueva etapa. No dudes en comunicarte conmigo.
Alguien con mucho valor dijo hace miles de años atrás:
"Nadie echa vino nuevo viejos, de otra manera,
el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama,
y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar"
El Valor del Perdón
Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto. En un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro.
El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
“Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.
El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomo un estilete y escribió en una piedra: HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA.
Intrigado, el amigo pregunto: ¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra? Sonriendo, el otro amigo respondió:
Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargaran de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.
Un Encuentro Conmigo
Un Encuentro Conmigo
¿Cuanto hace que no
te visito? Han pasado algunos años, diría casi treinta, tal vez un poco más. Mirando
fotos en casa, te recordé, enseguida me vino a la mente tu hermana, tu madre y
el perro, ese perro delgado de manchas blancas que movía la cola cada vez que
me acercaba a su cama. Eran celos, si seguro!!!
Verte me recordó
que solíamos caminar juntos hacia algún sitio que nos distrajera de las
diferencias familiares. Vos me contabas las peleas y la desagradable manera de
vivir de tus padres y yo otro tanto parecido. Eran otros tiempos amigo!
Tu viejo sí que
vivía equivocado, o tal vez ahora que lo pienso no tanto. El peligro estuvo
siempre, ¿Qué padres no temen por sus hijos?. El alcohol que por sus venas le hacían decir y hacer
cosas que te hacían despreciarlo, cuántas noches llorabas por el temor que le
tenías cuando estaba así, violento con tu madre y todo lo que se le ponía enfrente.
Sí, me acuerdo de vos amigo y me apena que hayas tenido que pasar por esos
momentos. Tu hermana no aparecía y yo solo tenía que contener tus lágrimas,
creo que hizo lo que pudo para poder sobrevivir.
Te recordé herido por amor, esa mujer que te
volvió loco ni bien se vieron las caras. Estabas enamorado. El tiempo te jugó
una mala pasada amigo mío, pero también saliste de esa.
Hace unas semanas,
encontré a Néstor, te acordás de él? Bueno, lo encontré en la peluquería de
Andrés, me contó que te vio y que peinas canas, pero que estás felizmente
casado, mira que eso en esta época es difícil. También supe que tenés hijos.
Que maravilla saber de vos. Me contó que sonreís seguido y que sos un gran
profesional. ¡Cuántos logros! A pesar de tanta desdicha que tuviste. Ahora
amigo, espero poder verte, voy a ir a visitarte.
Espero que estés
bien. Esta tarde de lluvia y gris, otoñal, me hizo bien mirar fotos y estar con
vos aunque sea escribiéndote.
Te abrazo, el
recordarte y saber de tus logros hacen que me devuelvan las ganas de mirarme
otra vez al espejo. Pensamiento Limitante
Entre
bizcochos y cafecitos María se vio envuelta en una discusión que más tarde le
hubiera gustado no tenerla.
Era
tarde y volver a su casa, cansada y algo angustiada no le daba resto para
pensar como habían sucedido las cosas.
Solo
repetía que esas palabras no las tendría que haber dicho. Que debería haber
esperado el momento, mientras que se repetía incansablemente cuando sería el
momento. Un momento, un espacio, que según ella nunca llegaría.
De
algo estaba segura, le molestaba terriblemente ver a su hermano sin deseos de
estudiar, ni de tener amigos, ni pareja estable, verlo
aburrido e insatisfecho con la vida. La situación
la apenaba demasiado como para seguir callada sin decir lo que pensaba sobre
él. Cuando se lo dijo, sin parar y en un solo instante ambos se insultaron y se
echaron en cara sucesos del pasado que según ella, habían quedado en el olvido.
En el
encuentro con su consultora psicológica, María sólo hablaba de lo injusto que
había sido su hermano al decirle palabras tan hirientes. Me manifestó que no
hacía otra cosa que meterme en su vida, que no servía para nada y que lo único
que podía hacer era gritar y decir lo
primero que se me cruzara por la cabeza. También me expresó que era una mujer
llena de prejuicios sin tener el mínimo respeto por su persona, ni la de nadie. Dijo que por eso todas mis relaciones de
pareja terminan en un caos…
¡Cómo
me va a decir eso a mí, que soy su hermana! De todos modos, yo soy así, siempre fui así y ahora con 50 años no puedo y no voy a
cambiar-
Cuando
escucho frases como estas, pienso en las limitaciones que las personas se ponen
para no cambiar. Sea por prejuicios, resignación, miedo al cambio, comodidad, por
su sistema de creencias, etc. Observo
como el potencial de la mujer se va dificultando y su crecimiento personal no
llega a ser óptimo. María no puede reconocer lo que esta sucediendo. La
comodidad ha ganado la delantera y eso no le abre el camino para transformar el
episodio con su hermano en una oportunidad para el cambio, aunque ambos parecen
tener la misma dificultad.
Entiendo
que si nos proponemos a conocernos un poco más, veremos nuestra capacidad de remover
conductas destructivas para ir transformándolas en un permanente cambio hacia
el desarrollo continuo, actitud que nos habilita el reconocimiento de nuestras propias
capacidades hacia el despliegue personal.
Aun así, no me
lo permitía, e insistía para no mirar hacia atrás.
Fue muy
fuerte. Me deje llevar hasta que me di permiso para hacerlo.
Comencé a
sentir aquellos ruidos de bijouterie dentro de un bolso azul desteñido. Me ví
junto a él, sentada en la estación, esperando para subir a ese tren gastado por
el mal uso y las hullas del tiempo.
Recordé
aquellas noches frías y oscuras en las
que un casco cubría mi rostro del rocío invernal. Y empaticé con su piel
curtida por cuidar de mí
Seguí dándome
permiso en la búsqueda y dentro de mi cajita apareció el roce de la mano,
aquellos ojos, los nuestros, mirándose hasta amarse.
Continué.
Me ví pequeña
pero amada.
Nuestro mundo
no tenía fronteras, era un mundo loco y la improvisación por la libertad tenía
un encanto especial.
Por alguna
razón me sentía protegida, escuchada.
En una vuelta
más dentro de la caja encontré la amistad, al amigo incondicional, a vos
campeón, Ave Fénix, con la cámara en la mano y la música en el corazón; y con
la música mi canción, con ella el comienzo de nuevas aventuras.
Me adentré un
poquito más y me descubrí y lo descubrí en una soledad que atravesaba los
huesos. El verano calentaba el polvo de la calle reseca, como el alma
adolescente. Apareció la carta y el adiós, alguien mas llenaba espacios que yo
no sabía hacer, sin duda. ¿que paso me preguntaba mientras mis lagrimas hacían
desvanecerme en el suelo de mi habitación ¿qué pasó? ¿Cuando y porque? ¿Quien
era?
El tiempo
pasó, no mucho, en la caja estaba el encuentro y ese día nos amamos, ese día
nos dejamos. La moto siguió su camino, atravesó distintas experiencia,
distintos nuevos amores, pasó tanto tiempo entre ambos que ya no podíamos
juntar los dedos como antes a la hora de la pizza, a la hora del café.
Años más
tarde, llegaron los cuidados intensivos
a mi alma.
Apareció la
noche cuando alcancé una alianza sellándome en el corazón un amor eterno. Más
adelante y con los años encima, abracé
unos deditos tiernos que me hicieron ensanchar de espalda y sentirme
orgullosa por el paso del tiempo.
Me paré frente
a la caja, y tomé rápidamente de ella mis logros.
Así fue que
recordé la aceptación de lo
experienciado y comprendí que dolor y alegría pueden convivir sin necesidad de
molestarse.
Aprendí
acompañada de un suspiro que nada de aquello había sido casualidad, que el
darme permiso de recordar era parte de mi ser persona. Fue entonces que las
puse en mi balanza imaginaria y decidí separar algunos recuerdos de otros. Me
di cuenta que al final no hacia falta una catarata de lágrimas, no eran
necesarias.
Entonces ya
era momento de cerrar aquella caja de pasados aprendidos. Me detuve previamente
a mirar, sentir, acariciar aquellos estadios de plenitud.
Entendí la
palabra crecimiento, y supe que en mi pasado hubo alguien que decidió y
continúo dejando semillas con destinos diferentes.
Cerré los ojos
un instante mas y me dije: “todo fue hace tantos años”
Y me
determine. Y así como me permití recordar, Solté aquello que creía olvidado en
algún lugar de la ciudad.
Solo eso.
Con el resto…
Con el resto, PERDONÉ.
Es notable ver con qué rapidez las góndolas de los supermercados cambian sus colores como sus productos. Todo es hermoseado según el evento que se festeje.
Recuerdo que hace tan solo tres meses observaba productos alusivos a Navidad y Año Nuevo: bombillas y estrellas para los pinos navideños, algún Papá Noel con su típico trineo esperando ser comprado por algún abuelo amoroso.
Hoy no cabe la menor duda, que las pascuas se acercan. No podría ser desapercibida, dado que no es raro escuchar las voces de los nenes con el famoso “cómprame”: “Mamá cómprame un huevito”, “Mami quiero un chocolate”, tampoco falta una apasionada esposa con su famoso “Querido, cómprame un conejo”.
Inclusos supermercados, shoppings y tiendas de regalos se visten para la ocasión. No olvidemos la mesa a la hora de almorzar o cenar, “cualquier plato pero sin carne roja”… Es así que de las góndolas a las cajas registradoras, y de éstas a los hogares.
Son tantas las estrategias del marketing utilizándose para pascuas que tampoco quedan ajenos a este evento, los medios gráficos y tecnológicos haciéndose eco para vender tal o cual producto, pero en ninguna de ellas se habla del verdadero significado de la Pascuas.
Lamentablemente son muchas las familias que giran alrededor del marketing y no del valor que subyace a esta “fiesta religiosa”, o “evento espiritual para otros”
Estos días próximos a las Pascuas, me ha llevado a pensar en qué significa para mí.
Conozco que Pascuas significa, en el término hebreo, “saltar por encima” “pasar de largo” o “perdonar”.
Para los judíos la connotación que tiene es la liberación de su pueblo tras 400 años de esclavitud en Egipto.
En tanto que para los cristianos simboliza la muerte de Cristo y su resurrección al tercer día. Sinónimo de perdón y redención de nuestros pecados.
Recapacitando acerca de este evento, y luego de compartir una charla que tuve en la semana con unas amigas, apareció en mi mente el gran amor que Jesús tuvo por la humanidad que murió por todos nosotros para perdonar nuestros pecados y cargarlos Él en la cruz para salvación de nuestras almas.
¡Que amor tan grande! Y lo tuvo por vos y por mí. Más allá de las ofensas ocasionadas.
Al dar un paso más adelante con mis pensamientos, llegue al perdón, pero no me detuve allí sino que el perdón me hizo pensar en cuánto somos los seres humanos capaces de perdonarnos a nosotros mismos e incluso de perdonar a quienes nos ofenden. Ofender abarca distintas instancias y situaciones, desde las más sencillas a las más violentas. Muchas veces he escuchado decir “nunca más voy a perdonar lo que me hizo, incluso hay personas que se quedan en el pasado, en ese, que solo visten al individuo de odio y rencor por los sucesos del pasado (titulado con el nombre que quieras)
Recuerdo a una amiga que cada vez que le decía algo por su conducta poco amigable se enfurecía y llorando me decía “¡nunca voy a perdonar lo que me dijiste!” y encerrándose en su habitación no respondía a los llamados telefónicos, e incluso ¡me borraba de su Facebook!
¿No te ha sucedido lastimar a un ser amado y no sentarte a evaluar si “mereces” su perdón? ¿Es difícil?, claro porque aún en el acto de ser perdonado, implica un cambio de actitud en el cual dos se edifican.
Perdonar no es lo mismo que aceptar acciones dañinas hacia nosotros. No implica validar un acto de traición o de violencia verbal o física. Perdonar no es igual a minimizar la ofensa cometida o la traición hacia nosotros. Tampoco significa estar ajenos al dolor por palabras injuriosas.
El acto de perdonar equivale al reconocimiento de una herida dentro de nosotros causado por un episodio desagradable contra nuestra persona. Es una actitud firme y sentida de aclarar conceptos dejando prejuicios de lado. En el perdón no hay rencor, dado que con éste, la falta de perdón enraíza el alma de amargura.
Creo que en las vísperas de las Pascuas tenemos la oportunidad de pensar acerca de su verdadero significado, con el fin de evaluar qué necesitamos perdonar de nosotros, o quizás a quiénes necesitamos perdonar, tal vez a quién tenemos que pedir perdón.
Recuerdo a Jesús en el momento de ser crucificado con su voz debilitada a causa de tanto sufrimiento, pero lleno de amor pidiendo a Dios: “Padre perdónalos, no saben lo que hacen”.
Te animo a que no te dejes seducir por lo que el marketing te quiere vender.
Tal vez Jesús podría ser el modelo a observar al momento de tomar la decisión de perdonar y ser, de éste modo, quienes demos el primer paso hacia el perdón, el “saltar por encima” de la ofensa, el “pasar de largo” la traición.
¿Será éste el paso que te ayude a liberarte del dolor, de la raíz de amargura que te produjo un suceso no esperado de parte de alguien que nunca lo hubieses imaginado?
Alguien me enseñó que el acto de perdonar es una decisión y yo agrego, es una decisión profundamente personal y determinante. Solo te involucra a vos, no al que te agravió, (la persona que te ofendió o te maltrató, tendrá otros temas que soltar)
Pero de algo estoy muy segura, vos podes elegir permanecer en el dolor o soltarlo. Permanecer en la ofensa o liberarte de ella.
Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas,
os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial.
Mateo 6:14
La Biblia









